El Gobierno provisional de Kirguizistán anunció que convertirá al país en una república parlamentaria y prosiguió las consultas con enviados de la Unión Europea, la ONU y Rusia para recabar apoyo internacional y asistencia económica.
La nueva líder kirguís, Rosa Otunbáyeva, y otros dirigentes de la oposición que derrocó al presidente, Kurmanbek Bakíev, asistieron el sábado al entierro de varias víctimas de los violentos choques que tuvieron lugar entre los cuerpos de seguridad y los manifestantes en la capital, Biskek.
‘Los que murieron el 7 de abril son héroes que sacrificaron su vida por la democracia y para acabar con el régimen autoritario’, dijo ante miles de personas sobre las víctimas de la violencia, 79 muertos y unos 1.500 heridos, según los últimos datos.
Otunbáyeva anunció que el Gobierno provisional diseñará un marco jurídico para su funcionamiento en las actuales condiciones de vacío legal, con el depuesto presidente refugiado en el suroeste del país, y su Gobierno y el Parlamento, que estaban controlados por su partido, disueltos.
La líder kirguís dijo a la prensa que ha recabado el apoyo de la OSCE para diseñar una nueva Constitución, que modificará el rígido sistema presidencialista que sustentaba el régimen de Bakíev por una democracia parlamentaria al estilo europeo.
La nueva Carta Magna sería votada en referéndum dentro de dos o tres meses y, una vez aprobada y liberalizado el sistema político del país, el Gobierno provisional convocaría dentro de medio año elecciones parlamentarias y presidenciales, puntualizó.
El viceprimer ministro kirguís, Omurbek Tekebáyev, explicó que el futuro sistema político del país impediría que un solo partido, aunque haya arrasado en los comicios, controlara más de la mitad de escaños parlamentarios.
Además, la oposición, sea cual sea su signo político, tendría garantizada su presencia en la Comisión Electoral Central y el Tribunal de Cuentas y presidiría los comités parlamentarios de Seguridad y Presupuesto.
‘Así crearemos un instrumento real para controlar a los cuerpos de seguridad, con el fin de evitar que las fuerzas del orden sean utilizadas como un instrumento político del poder’, indicó Tekebáyev, según la agencia Akipress.
Por otra parte, el enviado de la OSCE, Zhanibek Karibzhánov, declaró en Biskek que el Gobierno provisional ha aceptado la petición de esta organización responsable del arreglo de conflictos para que entable diálogo con el presidente depuesto.
‘El poder en Kirguizistán está de facto en unas manos, y de jure en otras. Este problema necesita solución, las partes deben mantener negociaciones’, dijo el diplomático kazajo.
Un representante del Ejecutivo provisional en la región de Jalal-Abad, donde se encuentra el presidente, confirmó que se ha puesto en contacto con su clan familiar, y expresó la esperanza de que ‘en un par de días entiendan que Bakíev debe dimitir’.
Al respecto, Bakíev anunció que está dispuesto a negociar las condiciones de su renuncia con las nuevas autoridades, aunque reconoció que teme por su vida.
‘Si quieren que renuncie, deben explicarme qué recibiré a cambio, y para ello hay que reunirse y negociarlo’, afirmó en entrevista con medios rusos.
Agregó: ‘Si volviera ahora a Biskek, mi vida estaría en peligro. O me matan, o me entregan a la multitud afirmando que fui yo el que ordenó disparar y derramar la sangre’.
La nueva líder kirguís aseguró la víspera que el Gobierno provisional garantiza la seguridad de Bakíev, reconoce su inmunidad y le permitiría abandonar el país, pero si renuncia al cargo.
Pero hoy declaró que el pueblo pide castigar a los responsables de la matanza de Biskek, por lo que advirtió de que Bakíev podría ser privado de su inmunidad si no anuncia pronto su dimisión formal.
Mientras, el viceprimer ministro kirguís, Almazbek Atambáyev, regresó a Biskek desde Moscú y calificó de ‘excelentes’, sin dar detalles, los resultados de su reunión con el jefe del Gobierno ruso, Vladímir Putin.
Rusia, que mantiene su influencia en Asia Central y cuenta con una base aérea cerca de Biskek, fue el primer país que expresó su apoyo a las nuevas autoridades kirguís y ofreció urgente ayuda humanitaria y económica.
Jan Kubis, enviado especial de la ONU, anunció por su parte que las Naciones Unidas prestarán ayuda humanitaria a Kirguizistán, considerado el país más pobre de Asia central.
También llegó a Biskek para conocer la situación el enviado de la Unión Europea, Pierre Morel, cuyo futuro informe fuentes comunitarias consideraron crucial para el diálogo entre Bruselas y las nuevas autoridades kirguís.
‘En la Unión no hay un rechazo del nuevo gabinete. Su reconocimiento dependerá de su capacidad de garantizar el orden y de proteger a sus ciudadanos del caos’, dijo un diplomático en Bruselas a la agencia rusa Itar-Tass.